3 maneras de tomar las críticas con gracia

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Todos hemos experimentado momentos en que un amigo, compañero de trabajo o pariente ofreció juicios severos. Pero también hay momentos en que las palabras pronunciadas, aunque hirientes al principio, son exactamente lo que necesitamos escuchar. Entonces, ¿cómo discernir entre los dos? ¿Cómo saber si esta persona está dando retroalimentación constructiva o condenando sus acciones? Entonces, ¿cómo manejamos estas situaciones cuando surgen? La historia de Pablo nos da una visión valiosa de estos momentos a menudo incómodos.

Los siguientes tres consejos nos ayudarán a determinar un curso de acción cuando alguien que conocemos ofrece opiniones que no queremos escuchar.

1. Escucha y escucha bien.

Muy a menudo perdemos el mensaje en su totalidad porque no escuchamos todo. Cuando comience la discusión, determinemos enfocar nuestra atención. Hacer preguntas. Cree un diálogo abierto y mantenga el intercambio en marcha. Sobre todo, debemos resistirnos a ponernos a la defensiva.

Al igual que Pedro, Dios usa personas de la misma fe para enseñarnos lecciones valiosas. Pero podríamos perder la oportunidad si no escuchamos. (Gálatas 2:11-14)

2. Considere la fuente.

Después del intercambio, hagámonos estas preguntas:
¿El (ella) viene a mí con sus preocupaciones por las razones correctas? ¿Es ella(el) alguién en quien confío para dar consejos sabios? Si la respuesta a estas dos preguntas es sí, entonces debemos permitir que nuestros corazones estén abiertos a sus palabras.

Pablo demostró su capacidad de liderazgo y su devoción al llamado de Dios en su vida a través de años de compromiso con el ministerio. Sin duda era alguien en quien Pedro podía confiar. Pedro conocía a Pablo, y sabía que el Espíritu Santo guió el corazón y las acciones de Pablo. Por esta razón, Pedro podía aceptar la preocupación de Pablo con confianza.

3. Sea receptivo y agradecido.

Como colaboradores por una causa, debemos permanecer unidos con otros creyentes. Independientemente de los pasos de acción que decida tomar o no, tranquilice la persona.

Renueve su compromiso con el objetivo común. Hazle saber que la aprecias. La gratitud alivia la tensión y construye relaciones. La persona que se atreve a evaluarte se arriesga, pero ese riesgo habra valido la pena si eso te lleva a evaluar con Dios aquellos puntos que el otro expreso de ti que necesitan mejorar.

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