Él Conoce tu Dolor

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Hace poco pude experimentar que cuando estamos sufriendo gran dolor no se puede pensar o ver con claridad, en esos momentos nada mas importa sino el dolor. En ocasiones el dolor puede llegar a ser tan intenso que hasta los nervios se descontrolan.

El pasado 13 de marzo fui sometido a cirugía y me removieron las amígdalas. Durante la primera semana fue muy difícil, el dolor fue tan intenso que sudaba, perdí el apetito y mi cuerpo temblaba. Los medicamentos calmaban el dolor pero por otra parte estuve sin fuerzas, mareado y aturdido. Por mas de dos semanas no pude trabajar, pensar con claridad o continuar con mi rutina diaria. En la visita de seguimiento el doctor me dijo que toda mujer que ha pasado por esa cirugía, dice que prefieren dar a luz un parto natural que pasar por esa cirugía. ¡Wow! Solo imagine el dolor…

Mientras pasaba por el proceso de recuperación meditaba en aquellas personas que han sido tan heridas emocionalmente que ya no pueden ver o pensar con claridad. Ese proceso tan difícil me permitió experimentar el dolor a tal grado que me pude ver lo que provoca el dolor en nosotros. En ocasiones podemos llegar a ser tan heridos que mientras el dolor este presente ya no se ve o piensa como antes, todo es nublado, tanto las luces como las voces molestan y eso trastorna nuestra perspectiva en la vida. Y quizás eres o conoces a alguien que ha dicho: “Nadie conoce lo que yo he vivido”. Jesús si lo conoce…

Mientras era maltratado, golpeado, lacerado y crucificado, Jesús no abrió sus labios para maldecir, al contrario dijo cosas tales como; “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.” mientras la gente se burlaba; “Yo te aseguro: hoy estarás conmigo en el Paraíso.”; cuando el ladrón le pidió misericordia; “Mujer, ahí tienes a tu hijo.” cuando vio a su madre sufriendo a sus pies. Ahora, solo trata de imaginar el dolor físico y emocional por el cual Jesús estaba pasando en esos momentos, sin embargo su mente y su corazón se mantuvieron enfocados en nosotros.

Hoy quiero invitarte a ser libre de tu dolor a través del perdón, lo primero que hay que hacer para sanar es perdonar. Entrégale tu corazón y tu dolor a Jesús y permite que él te ayude a través de este proceso de sanidad.

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