El Dolor y la Preocupación

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La mayoría de nosotros somos una mezcla de emociones y experiencias. Lo bueno, lo malo y lo feo nos invaden con regularidad. La clave está en lo qué hacemos con estos sentimientos y experiencias.

¿Cómo influye el ser creyente en la forma en que vemos nuestro mundo, en especial cuando nos enfrentamos a las preocupaciones y al dolor?
En nuestro peregrinar a través del dolor, la decepción, la pérdida de seres queridos y los fracasos personales, podemos aprender que debemos confiar en Él.

Eso nos lleva al primer recordatorio que puede traer paz en tiempos de tribulación.

  1. Nuestros años están en las manos de Dios

«Pero yo, oh Señor, en Ti confío; digo: “Tú eres mi Dios”. En Tu mano están mis años; líbrame de la mano de mis enemigos, y de los que me persiguen. Haz resplandecer Tu rostro sobre Tu siervo; sálvame en Tu misericordia» (Salmos 31:14-16).

«En Tu mano están mis años» es una afirmación de seis palabras para recordarle a los cristianos que, a pesar de los desastres y las dificultades, estamos bajo el cuidado del Dios todopoderoso.

  1. La Biblia reconoce nuestras emociones

El dolor es un ejemplo de una emoción que puede abrumarnos al máximo. Puede que conozcas esta experiencia demasiado bien. Recuerdo su primera intrusión en mi vida cuando era adolescente y murió mi madre. Nada podría volver a ser como antes.

No es necesario vivir mucho tiempo como creyente para descubrir que la fe no nos aísla de sentimientos como el dolor y el miedo a experimentarlo.

El dolor es duro porque algo se ha perdido y ciertas alegrías ahora se han ido irremediablemente. Pero también sabemos que el dolor es una realidad de la que las Escrituras hablan de manera clara, una realidad que un día será redimida por un gozo mucho mayor. Sabemos que el dolor es una realidad que nuestro Salvador conoce de manera personal.

  1. Jesús permite que el dolor y la esperanza coexistan

Aunque la Biblia nos presenta la realidad de la victoria de Cristo sobre la muerte y la tumba, no nos llama a una especie de triunfalismo brillante y despiadado. Más bien, el hecho de que nuestros seres queridos que murieron en Cristo estén ahora con Él aligera, pero no quita, la angustia de la pérdida y la soledad. Seguimos anhelando el día en que ese dolor haya cesado.

Hasta que llegue ese día, podemos encontrar consuelo al saber que Jesús fue «Varón de dolores y experimentado en aflicción» (Is 53:3), cuando lo miramos como nuestro ejemplo, cuando vemos que Él es «la resurrección y la vida» (Jn 11:25) y mientras lo miramos por nuestra eternidad.

Saber esto es lo que permite que la esperanza reine en nuestros corazones, aun cuando existen preocupaciones y dolor muy reales en nuestras vidas.

FuenteTGC Coalición
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