“A su tiempo, yo, el Señor, lo haré realidad.” — Isaías 60:22
A veces sentimos que el camino es largo y que nuestras metas se quedan en pausa. Sin embargo, esta poderosa promesa bíblica nos recuerda que la espera no es una pérdida de tiempo, sino un periodo de preparación divina.
De las Ruinas a la Gloria
Esta frase fue entregada al pueblo de Israel en un momento de oscuridad, tras el exilio y la pérdida de sus tierras. Mientras ellos veían escombros, Dios les revelaba un plan de restauración total. El capítulo 60 de Isaías es un recordatorio de que, incluso cuando parece que todo está perdido, la luz está por amanecer.
3 Claves para Entender el “Momento Preciso”
Confianza en la Acción Divina: Al decir “Yo, el Señor, lo haré”, se nos invita a soltar la ansiedad del control. Nuestra tarea es permanecer fieles y preparados; la ejecución final le pertenece a Él.
Soberanía sobre el Tiempo: Existe una diferencia entre nuestro reloj (el tiempo humano-Cronos) y el Kairós (el tiempo oportuno de Dios). Él no llega tarde; actúa en el momento exacto para que el impacto sea eterno.
Multiplicación Sobrenatural: La promesa dice que “el más pequeño se convertirá en mil”. Esto nos enseña que Dios no necesita grandes recursos para cumplir Su palabra; Su poder se perfecciona en nuestra debilidad.
Reflexiona:
Si sientes que tus proyectos están detenidos, recuerda que el proceso de cocción requiere paciencia. No estás retrasado; estás en manos del Autor del tiempo. Cuando el escenario esté listo y tu carácter esté formado, Dios hará que las piezas encajen con una precisión asombrosa.
Reducción de la ansiedad: Aceptar que hay un “momento preciso” ayuda a enfocarse en el presente, trabajando en lo que sí está en nuestras manos mientras esperamos que el resto encaje.
“No te apresures, confía. Lo que Dios ha escrito para ti, llegará en el momento en que mejor puedas disfrutarlo.”


