La Nueva Normalidad

Pareciera ser que el mundo entero grita por volver a la normalidad. ¿Que normalidad? ¿Será que lo que están pidiendo es volver a la misma vida que llevaban antes de que esta pandemia nos forzara a quedarnos en casa? ¿De que normalidad estamos hablando?

Definitivamente en algún momento dado vamos a volver a una normalidad, pero aquella normalidad que conocíamos ya no existe, ahora saldremos a aquello que le han llamado; “la nueva normalidad”. Donde se recomienda que sigamos las pautas recomendadas para contener la propagación de gérmenes, a través del distanciamiento social, el uso de mascaras, guantes y el continuo lavado de manos. Donde se espera que estemos mas conscientes del posible contagio al que todos estaremos expuestos.

Pero; ¿No te haz puesto a pensar que esta pandemia nos ha llevado a salir de nuestra zona de comodidad, y básicamente nos a obligado a hacer cosas que quizás nunca pensábamos que íbamos a hacer? Que tal si junto a ese deseo de volver a la normalidad, establecemos cambios (resoluciones) que transformen nuestra rutina diaria y nos lleven a aquellos lugares que hemos soñado pero que hasta hoy no hemos alcanzado. ¿Que tal si como parte de esas resoluciones establecemos una rutina que nos lleve a cultivar nuestra relación con Dios, para que podamos ser guiados a vivir enfocados en alcanzar nuestro propósito en la vida? ¿Que tal si como parte de esa “nueva normalidad” hacemos un espacio para invertir tiempo de calidad con nuestros seres queridos? Un tiempo donde ponemos el teléfono a un lado y comenzamos a tener conversaciones significantes.

¿Que tal si en nuestra nueva normalidad hacemos un espacio no tan solo para congregarnos en una iglesia, sino para solidificar nuestra fe, solidificar nuestras relaciones interpersonales, servir, hacer comunidad y adorar juntos como nunca antes? ¿Que tal si como parte de nuestro nuevo estilo de vida, dejamos de prestar atención a aquellas cosas que nos desenfocan, y nos ponemos en ruta hacia el cumplimiento de nuestro propósito divino? ¿Que tal si mientras esperamos, aprovechamos el tiempo y nos dedicamos a crecer de espiritual, intel-personal y profesionalmente, a través de los tantos recursos que hoy tenemos disponibles? ¿Que tal si nos ponemos a la disposición de Dios para que haga su voluntad en nosotros?

¿Que tal…?

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