Quitarle Privilegios

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Algunos padres confunden la provisión de «obligaciones» con «privilegios». Voy a dar unos ejemplos. No podemos enviarles a la cama sin cenar cuando fallan, o sacarlos de la escuela si no son esmerados. Estas son obligaciones nuestras para con ellos como padres y no son negociables… Pero el uso del celular, Internet, horas de TV, etc., estos sí son privilegios.

Escuché en un mensaje de Craig Hill de un padre que cierto día discutió con su hijo adolescente, y este se encerró en su cuarto con llave. Cuando su papá intentó hablar con él, puso la música a volumen muy elevado. ¡Muchos habríamos derribado la puerta!

Pero este padre, esperó al otro día. Cuando llegó la mañana, el hijo bajó ya de salida, el padre lo saludó como si nada hubiera ocurrido, lo despidió y lo bendijo. Ya de tardecita, cuando el hijo volvió, apenas saludó al entrar y subió a su cuarto… Un grito se escuchó y luego los pasos del joven bajando a toda prisa por las escaleras y diciendo: «¡Papá! ¡Papá! ¡Qué le pasó a mi cuarto!» Su padre había quitado la puerta de la habitación. Ante el reclamo, le respondió: «Hijo, yo te amo. Lo que hiciste ayer fue incorrecto y te enojaste por llamarte la atención. Cuando quise calmarte, te encerraste y subiste la música… Esa puerta era un privilegio, y usaste un privilegio para no resolver las cosas. Por esta razón has perdido el privilegio.

La habitación sigue siendo tuya, y cuando valores ese beneficio y reconozcas tu actitud, entonces tendrás otra vez el privilegio de tener una puerta con llave en tu cuarto.
Te amo».

¿Cuántos saben que a la mañana siguiente este hijo volvió arrepentido y con actitud correcta nuevamente a su padre?

Cuando los recursos
se agotan

La gran pregunta de hoy es: ¿Qué hacemos cuando los límites fueron rotos y las consecuencias ya no producen cambios? ¿Qué haremos ahora si ya hemos agotado nuestros recursos? Esperar en la intervención Divina Leamos el pasaje de Lucas 15.11-24.

Creo que en este punto al padre solo le quedaba orar, confiar… y esperar. Orar por la intervención divina, confiar en Dios y Su fidelidad (Heb 11.1), y esperar, soñando con la esperanza de que un día su amado hijo reflexionará y volverá arrepentido.

A partir del versículo 17 podemos notar cómo el muchacho «vuelve en sí» (otras versiones dicen: «entró en razón»), reconoció que su actitud fue un pecado y deshonra contra su padre
(Pr 4).

Finalmente su padre lo recibe con inmensa alegría, su error es borrado, y su condición absoluta de hijo es restaurada.
Consideremos la actitud de un padre cuya confianza está en la intervención de Dios para resolver lo que en lo natural es imposible, ya que solo Él inclina los corazones. Su Espíritu convence, transforma y restaura. Siempre seremos padres y ellos nuestros hijos.

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