Hermanos, no hablen mal unos de otros. Si alguien habla mal de su hermano o lo juzga, habla mal de la Ley y la juzga. Y si juzgas la Ley, ya no eres cumplidor de la Ley, sino su juez. No hay más que un solo Legislador y Juez, aquel que puede salvar y destruir. Tú, en cambio, ¿quién eres para juzgar a tu prójimo? Santiago 4:11-12 (NVI)
Nos encontramos con imágenes y reflejos a todo nuestro alrededor. La mayoría de las imágenes originales están filtradas, distorsionando lo que alguna vez fue real a través de nuestras experiencias pasadas, las opiniones de los demás o incluso el deseo del mundo de vendernos algo más. Hasta nuestros teléfonos tienen filtros que cambian nuestra apariencia para adaptarla a nuestros deseos y brindarnos entretenimiento, a veces a expensas de otros. Pero esto tiene un precio: la pérdida de la verdad y de la honestidad. ¿Alguna vez has conocido a una persona y has asumido algo sobre ella, solo para luego darte cuenta de que era todo lo contrario? Si te conocieras a ti misma, ¿te juzgarías con la misma vara? Cuando nos miramos en el espejo, ¿a quién vemos? Cuando vemos a los demás, ¿es a través de la verdad de Dios o de nuestro propio lente? Estamos llamados a usar el discernimiento y el buen juicio, y a aplicar la verdad que Jesús nos ha dado a través del Espíritu Santo.
Cuando vemos a los demás como a nosotros nos place, en esencia empujamos a Jesús fuera del trono de nuestras vidas y nos colocamos en el lugar donde solo Él debe estar. Decidimos qué es lo mejor para nosotros y para los demás, apoyándonos en nuestro propio entendimiento y no en Su verdad. ¡Ten mucho cuidado! Que el primer reflejo que examinemos sea el nuestro. Pídele a Dios que corrija tu propio corazón y luego elige hablar la verdad en amor a aquellos que han perdido el rumbo. No caminando con miedo a hablar, sino con mansedumbre, humildad y amor. Cuando nos miramos en el espejo, ¿vemos los atributos de Jesús? ¿O vemos el reflejo familiar de nosotros mismos: ¿ese con el que nos sentimos cómodos, la imagen que hemos creado a nuestro propio gusto?

APLICACIÓN: Piensa en alguna ocasión en la que hayas juzgado a alguien. Permite que Dios ajuste tu visión respecto a esa persona. Si ellos están conscientes de que fuiste crítica con ellos, pídele al Espíritu Santo que te guíe para buscar reconciliarte o enmendar las cosas con esa persona.
ORACIÓN: Padre, guíame hoy en Tu gracia y Tu misericordia. Dame la visión para ver a los demás a la luz de Tu amor. Otórgame sabiduría y discreción en la forma en que me acerco a las personas y en las conversaciones que tengo. Amén.
Devocionales cortesia de:


